Las marcas de lápiz nos indican si los surcos que excavamos se acercan por igual al centro.
Cuando vemos que cumplen bastante bien y nuestra caja de coordenadas tiene ya poco que añadir, procedemos a unir los surcos entre sí, para allanar la cabeza.

Vamos de delante a atrás del Sur al Norte y luego del Norte al Sur, que siempre es más divertido, en una retirada lo más favorable posible al sentido de las fibras.

¿Se necesita una maza para fabricar otra? No sé…, tal vez sea siempre así en carpintería. Un mueble se fabrica sobre otro mueble. Lo que sí es seguro es que se necesita coger bien la maza y la gubia. A ser posible ambas manos en el lado contrario del peligro.

Nuestro lápiz rojo, vuelve a sangrar sobre la madera. Ahora le pedimos que no se equivoque al marcar, bien centrada, la coronilla.
¿Qué hubiera sido de nosotros sin la caja sensata? Siempre obsesionada con el centro, el corazón, la línea sobre la que giraría nuestro sólido de revolución.
Os habréis percatado que el taco vulgar de donde partimos, tiempo ha, no tenía las caras paralelas. Se inclinaba sobre una mesa más que la torre de Pisa. ¿Acaso ha impedido en algo la labor de la caja lista?

Un bisel. Rompemos en pedacitos el diseño original. Era sólo un papel con medidas. Lo de la foto es madera y hoy nos sentimos libres
Hartos de tanto golpe de maza tal vez nos apetecía un reposo.
Ahora sí mordiendo la madera, con los afiladísimos dientes del tiburón recuperamos el arcano ritmo del tambor de madera.

Puestos a romper esquemas, ¿por qué no repetir?
Otro bisel este más ancho en el otro extremo de la cabeza.
Definitivamente nos gusta medir, ¡Ya habrá tiempo para la gubia!.

Mano firme y a cortar. Siempre cortar. No arrancar. Para ello hay que asegurarse que el filo sigue rasgando un papel como lo haría la uña de un gato. El pulgar siempre juguetón bien controlado, ¿Hay que hacer mucha fuerza? No sólo sujetar y controlar. ¿El qué?. Veo un peligro ¿y tú?
Si se escapa el filo ¿a dónde va a ir a parar? Al mango. ¡Malo!. Control,y control. Se puede y se debe. Sólo hay que ver que viene el peligro y esforzarse en detenerlo.
¡Eso es tallar!.
Repite conmigo: Yo tengo el control…yo tengo el control…mientras me deje la madera.

Seguro que ya lo estabais esperando. Le toca a la escofina.
Más áspera que una transfusión de pan rallado.
A partir de aquí ya no hay consejos. Haz lo que quieras pero debes llegar a una maza de tacto fino, de formas regulares y curvas perfectas.
¡Qué más se puede pedir!.
¡Continuará…!



