Llevamos desde 2008 compartiendo este oficio en la web, y desde antes todavía —el dominio es de 2002— juntando alrededor de la madera a gente que no se conocía. En todo este tiempo hemos contado muchas cosas, pero hay una que nunca hemos contado bien: por qué, cuando alguien cruza por primera vez la puerta del taller, lo primero que le ponemos entre las manos es una hoja.
Este artículo quiere ser eso. La historia de una pieza pequeña que llevamos años repitiendo, y la razón por la que sigue siendo el mejor lugar por el que empezar.
Qué es la hoja de Tallamadera
La hoja es el proyecto de iniciación a la talla en madera de nuestro taller. No es un ejercicio de libro ni una muestra de catálogo: es la primera pieza. La talla todo el que pasa por aquí, la haya tallado antes o no. Cada sábado, alguien que nunca ha cogido una gubia se sienta delante de un trozo de tilo de 18 × 18 × 2,5 cm y, al cabo de cuatro sábados, se lleva a casa su propia hoja.
Tiene nombre propio: la hoja de Tallamadera. Y lo tiene desde hace años. En septiembre de 2018 publicamos el diseño completo para descargar y calcar, para que cualquiera pudiera empezar en su casa, sin taller y sin profesor. Desde entonces la han tallado alumnos de Ripollet y gente de muchos sitios, y cada una ha salido distinta. De eso, precisamente, va este artículo.
Si has llegado hasta aquí buscando cómo empezar a tallar madera, la respuesta corta es esta: empieza por una hoja. En los siguientes apartados contamos por qué.
Por qué empezamos por una hoja
Siempre nos hacen la misma pregunta: ¿por qué una hoja y no otra cosa? Jordán lo explica así:
Por su sencillez. Al ser un elemento que todo el mundo tiene en la cabeza, se libera en el cerebro ese espacio para poder dedicarlo al acto de aprender a tallar: estar en el aquí y ahora, aprender del ensayo y el error, escuchar y sentir la madera, cómo responde al tacto de la gubia y al movimiento de tu cuerpo.
Ahí está todo. Una hoja la reconoce cualquiera: no hay que estudiarla, no hay que memorizarla, no hay que decidir si se parece o no al modelo. Ese trabajo mental que normalmente se lleva el dibujo —¿lo estoy haciendo bien?, ¿se parecerá?— queda libre. Y ese espacio libre es exactamente el que necesita la mano para aprender el gesto.
Que el resultado no importe no significa que el dibujo dé igual. En la talla en madera el dibujo es importante y hay que respetarlo con fidelidad: es la guía, la frontera, lo que sostiene todo el trabajo. Lo que procuramos que no tenga peso es el resultado final. Y más aún: que ese resultado solo tenga valor para quien lo hace, sin ánimo de exposición. La pieza no se talla para que la vean, sino por el hecho mismo de tallarla.
Es la idea que Simone Weil puso por escrito hace casi un siglo: el trabajo manual vale, sobre todo, no por lo que produce, sino por lo que hace en quien lo realiza; no por el honor ni la recompensa, sino porque da un sentido a la vida a los propios ojos de quien trabaja. Una hoja no vale por lo que cuelga de una pared. Vale por el rato en que la estuviste tallando.
Hay algo más, y es más antiguo que nosotros. La hoja es uno de los motivos que nunca se han ido de la talla: aparece en la piedra, en la madera y en el hierro desde hace siglos, en todas las culturas que han trabajado con las manos. Empezar por una hoja es, de algún modo, empezar por el principio de todo.
Empezar bien: madera de tilo y gubias que cortan
Hay una cosa que aprendimos y que no olvidamos. Jordán ya venía del taller de Ripollet cuando hizo el curso en La Llotja, en Barcelona. Allí, comparándose con sus compañeros, vio algo que se le quedó grabado: ellos trabajaban con mala madera y con malas herramientas. Cuando les prestó su madera y sus gubias, les cambió la cara.
Con buena madera y buena herramienta, tallar es difícil pero es posible. Con madera mala y herramienta que no corta, la primera sesión acaba siempre igual: en frustración. Y de ahí sale la frase que más daño hace a este oficio —«yo no sirvo para esto»—, cuando en realidad el problema nunca fue la persona.
Por eso, en nuestro taller, la madera y las herramientas las ponemos nosotros. Trabajamos con madera de tilo, que es blanda y noble, y con gubias Pfeil, de las que somos distribuidores oficiales. No es un detalle menor: es la diferencia entre engancharse a la talla o abandonarla en la primera clase. Empezar bien no es un lujo; es lo mínimo para que alguien pueda descubrir si esto le gusta.

El material con el que empiezas
El punto de partida es siempre el mismo, y es sorprendentemente pequeño:
- Madera de tilo de 18 × 18 × 2,5 cm. Blanda, de veta fácil, ideal para las primeras piezas.
- Cuatro gubias básicas, suficientes para todo el proyecto: Pfeil 1/10 (gubia recta), Pfeil 5/12 (entreplana curva), Pfeil 7/14 (semicñón), Pfeil 12/6 (pico de gorrión).
- Maza o mazo, para el golpeo de la gubia.
Con eso se talla toda la hoja. Ni más herramientas, ni más inversión: cuatro gubias bien afiladas y una tabla de tilo. En el taller también trabajamos la sujeción de la pieza —el banco y el sistema que la mantiene firme—, porque una pieza mal sujeta es la mejor manera de asustarse.
Sobre la maza, un aviso: el golpeo es uno de los ejercicios que enseñamos, pero no es imprescindible. Se puede tallar sin ella, en un proceso menos enérgico y mucho más relajado. Y como trabajamos con herramientas que cortan de verdad, en el curso explicamos con calma la seguridad: cómo se agarra la pieza, dónde van las manos respecto al filo, qué no se hace nunca.

Qué se aprende, sesión a sesión
El curso de iniciación son 4 sesiones de 3 horas. Cada persona va a su ritmo y elige sus propios sábados, pero el camino es el mismo para todos. Esto es lo que se recorre:
1. Las herramientas y la madera
Lo primero es entender qué tenemos delante: qué es cada gubia y para qué sirve, cómo se comporta la madera y hacia dónde crece el árbol. De ahí sale la veta, que es lo que decide en qué dirección se puede cortar y en cuál no. Las primeras sensaciones con el tilo, los primeros cortes.
2. El dibujo y la reserva
El diseño se traspasa a la madera y se «reserva»: se marca el contorno con el pico de gorrión para que el resto del trabajo tenga una frontera. El dibujo deja de ser una imagen y empieza a ser una forma.
3. El desbaste: hacia fuera y hacia dentro
Aquí empieza la talla propiamente. Se desbasta hacia fuera y hacia dentro, se aprende a medir y a regular cuánto se quita, a no pasarse, a corregir. Es la parte que enseña a escuchar la madera.
4. Dar forma y buscar el relieve
Con la gubia recta se redondean las tangentes, acercándose poco a poco a la forma. Después llega el relieve: bajar el fondo para que la hoja «suba» y aparezca la sensación de tres dimensiones. La recta corta inclinada, la 5/12 ayuda a vaciar y limpiar.

5. Los vértices y las pendientes
La parte superior de la hoja, sus vértices, sus pendientes. Aquí se afina, y se entiende cómo una curva suave está hecha de decisiones pequeñas.
6. Lijado y acabados
El final: lijar, y ver el abanico de acabados —tintes, ceras y pátinas— que cambian por completo el color y el tacto de la pieza. La hoja queda lista para quedarse.
Ese recorrido contiene, en pequeño, casi todo lo que después se aplica a piezas mayores: herramienta, madera, dibujo, desbaste, relieve y acabado. Por eso la hoja funciona tan bien como primera pieza.
Cada hoja es distinta
Si algo nos gusta de este proyecto es que nunca salen dos iguales. La misma tabla, el mismo diseño, las mismas cuatro gubias, y sin embargo cada persona deja en su hoja algo que solo es suyo: la fuerza del corte, la profundidad del fondo, la suavidad de un borde. Hay hojas más redondas y hojas más angulosas, hojas tímidas y hojas decididas.
En la galería del taller se pueden ver ejemplos ya tallados por alumnos. Merece la pena mirarlos antes de empezar: no para copiarlos, sino para entender que tu hoja no tiene que parecerse a ninguna otra. Ese es, en el fondo, el mejor resumen de lo que enseñamos.




Descárgala y tállala en casa
El diseño de la hoja está digitalizado y disponible para todos. Publicamos el PDF para calcar en la madera, y también el artículo de descarga donde explicamos cómo usarlo. Si tienes madera de tilo y unas gubias, puedes empezar hoy mismo en tu casa, sin taller. Y si no las tienes, también puedes empezar con nosotros.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la hoja de Tallamadera?
Es el proyecto de iniciación a la talla en madera del taller de Ripollet. Es la primera pieza que talla todo el que pasa por el curso, y tiene diseño propio y nombre propio desde hace años.
¿Por qué se empieza a tallar con una hoja?
Porque es un motivo sencillo que todo el mundo reconoce. Al no tener que pensar en el resultado, la cabeza queda libre para lo que importa: el gesto, la veta y la mano.
¿Qué madera se usa para iniciarse en la talla?
Madera de tilo. Es blanda, de veta noble y perdona los errores, lo que la hace ideal para las primeras piezas.
¿Qué gubias necesito para empezar?
Con cuatro basta: una recta (Pfeil 1/10), una entreplana curva (5/12), un semicñón (7/14) y un pico de gorrión (12/6). En el taller las ponemos nosotros; los alumnos solo traen las ganas.
¿Se puede tallar sin maza?
Sí. El golpeo es un recurso que enseñamos, pero no es imprescindible. La talla puede hacerse con la mano, de forma más pausada.
¿Hace falta experiencia previa?
Ninguna. Se empieza desde cero, con la madera y las herramientas incluidas.
¿Cuánto dura el curso de iniciación?
4 sesiones de 3 horas. Cada alumno elige sus propios sábados.
Ven a empezar por una hoja
Los cursos son presenciales, en el taller de Ripollet, los sábados de 10 a 13 h. Son 150 € e incluyen la madera, las herramientas y todo lo necesario. En el taller caben cuatro personas tallando, cada una a su ritmo, con la fecha de inicio y fin que cada cual decide. No hay «próximo curso»: empiezas cuando puedes.
Si te apetece, echa un vistazo al Curso de Iniciación a la Talla en Madera y escríbenos. Te guardamos un trozo de tilo y una hoja en blanco.
A tallar se aprende tallando. Y casi todos empezamos por una hoja.
